Microbiota intestinal
Conexiones con la microbiota y el cerebro🔍🥴
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos, principalmente bacterias😷, que habitan en nuestro intestino y forman una comunidad muy numerosa y diversa. Se calcula que existen miles de millones por cada gramo de heces y que, en total, pueden llegar a pesar alrededor de 2 kg. Además, poseen un número de genes muy superior al del genoma humano, por lo que se considera que actúan casi como un órgano más del cuerpo. Esta microbiota comienza a establecerse desde los primeros momentos de vida y evoluciona durante la infancia hasta adquirir un perfil similar al de un adulto hacia los 3 años.
Más allá de su función digestiva, la microbiota intestinal mantiene una estrecha relación con el cerebro y el sistema inmunitario, formando lo que se conoce como eje intestino-cerebro. Cuando este ecosistema se desequilibra, puede tener repercusiones no solo a nivel intestinal, sino también en otros órganos, incluido el sistema nervioso. De hecho, se ha relacionado un mal funcionamiento de la microbiota con enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis múltiple o incluso el autismo.
Uno de los mecanismos que explican esta conexión es la acción de los metabolitos producidos por las bacterias intestinales, como el butirato, un ácido graso con efecto antiinflamatorio🍂. Estos compuestos pueden pasar al torrente sanguíneo e influir en el sistema inmunitario de todo el organismo. Cuando se altera este equilibrio, puede aumentar la inflamación, incluso en el cerebro, afectando al funcionamiento del sistema nervioso y favoreciendo procesos como la pérdida cognitiva. Además, estos metabolitos son clave en la comunicación entre la microbiota y la microglía, células del sistema nervioso central implicadas en la respuesta inmunitaria.
Algunas investigaciones incluso sugieren que ciertas enfermedades neurodegenerativas(algunas ya mencionadas), podrían iniciarse en el intestino, por la producción de proteínas amiloides por determinadas bacterias, que posteriormente migrarían al sistema nervioso central.
Por todo ello, cuidar la microbiota intestinal es fundamental. Mantener una dieta rica en fibra y alimentos de origen vegetal, incluir alimentos fermentados, evitar ultraprocesados, realizar actividad física, descansar adecuadamente y usar antibióticos solo cuando sea necesario son hábitos que contribuyen a preservar este delicado equilibrio y, con ello, la salud general, incluyendo la del cerebro🧠.
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